El despido invisible: cómo la inteligencia artificial quebró la confianza laboral

Por Mookie Tenembaum

La cifra que encendió la alarma apareció en octubre cuando las empresas de Estados Unidos anunciaron 153.074 recortes de puestos, el octubre más alto en más de dos décadas y casi el triple que un año antes (55.597). Es el dato mensual del informe Challenger, Gray & Christmas, que además subraya dos motores detrás de los recortes, el ajuste de costos y reorganizaciones apalancadas en inteligencia artificial (IA). No son “despidos ejecutados” sino “anuncios de recortes”, pero en la práctica funcionan como termómetro de expectativas empresariales y de ansiedad laboral. Hasta octubre, los anuncios acumulan 1,1 millones en el año, 65% más que en 2024. 

Conviene ordenar el mapa para lectores no familiarizados con la jerga estadounidense. Existen al menos dos fuentes distintas, por un lado, Challenger mide “anuncios” de recortes. Estas son intenciones comunicadas por empleadores, que pueden ejecutarse de inmediato o de forma escalonada. Por otro, la encuesta JOLTS del Bureau of Labor Statistics releva “separaciones efectivas” mes a mes, estas son contrataciones, renuncias y “layoffs and discharges” o despidos y ceses, que rondan 1,7 millones mensuales en la serie reciente. Cuando Challenger se dispara, no necesariamente se ve al día siguiente en JOLTS, pero sí indica que las empresas preparan la tijera. El salto de octubre está ligado a planes de eficiencia y a reconfiguraciones operativas donde la adopción de tecnologías de IA permite eliminar capas administrativas o tareas repetitivas.

El caso Amazon ayuda a ponerle nombre propio a la tendencia. La compañía comunicó alrededor de 14.000 despidos corporativos como parte de una reorganización que prioriza inversiones en IA y simplificación de estructuras. No es el único actor, pero sí un ícono que envía señales al resto del mercado laboral ya que si un gigante que crece en computación en la nube y automatización recorta puestos “como los míos”, la percepción de riesgo se traslada a programadores, analistas, marketing, legales y capas de gestión. Ese cambio cualitativo importa porque no se trata de obreros de línea en sectores cíclicos, sino de trabajadores de oficina que durante años se sintieron a resguardo. 

El punto central no es discutir si la IA “crea” o “destruye” empleo neto a diez años, sino qué ocurre hoy cuando una masa creciente de personas anticipa que su puesto puede volverse redundante. La historia reciente muestra que, cuando el público percibe inseguridad, toma decisiones defensivas que mueven precios de activos con brusquedad. En la pandemia, el pánico logístico llevó incluso a ver futuros de petróleo en precios negativos por un día; no por falta de “valor” del petróleo, sino por la dinámica de cobertura y almacenamiento bajo estrés. La psicología ante la incertidumbre económica funciona como un multiplicador financiero, ya que la mejora de productividad no evita que, en el corto plazo, se dispare la preferencia por liquidez y renta cierta.

Trasladado a carteras, el mecanismo es directo. Los trabajadores que temen perder ingresos tienden a vender activos volátiles para ganar previsibilidad. Muchos moverán ahorro hacia instrumentos con cupones mensuales o trimestrales, sobre todo deuda soberana e investment grade donde el flujo es más seguro. A nivel sectorial, pueden beneficiarse acciones con dividendo estable, como servicios públicos o ciertas energéticas, frente a segmentos de alto crecimiento que no pagan dividendos y dependen de expectativas de utilidades futuras. En crédito corporativo, la bifurcación será entre bonos de emisores sólidos que sostienen pagos y los de alto rendimiento con riesgo de refinanciación más caro. Si este corrimiento es amplio, se verá una rotación temporal desde el complejo “IA puro” hacia renta fija de calidad y acciones de dividendo, por gestión del miedo de flujo de caja personal.

El riesgo de comunicación está en el centro de esta dinámica. Durante dos años se repitió la promesa de “trabajar codo a codo con la IA” y de sueldos crecientes por mayor productividad. En los balances, muchos directivos ahora explican lo contrario: para capturar esas ganancias, adelgazan sus estructuras. Cuando no se prepara a la sociedad para el ajuste, la gente llena los silencios con suposiciones. Algunas serán erradas o paranoicas, aunque eso no impide que tengan impacto económico real, la toma de decisiones financieras bajo estrés no espera papers ni conferencias. El salto de octubre en los anuncios de recortes, con la IA citada explícitamente como motivo, es el tipo de señal que valida temores difusos y los convierte en conducta coordinada. 

Hay un matiz técnico que evita malentendidos. Un anuncio de 153.000 recortes en un mes no se traduce, línea a línea, en la tasa de desempleo nacional. Parte se ejecuta más adelante, parte se compensa con contrataciones en otras áreas, y una fracción de los afectados encuentra recolocación interna. Aun así, los anuncios sirven como brújula de expectativas y, sobre todo, moldean decisiones de millones de hogares hacia menor consumo, más ahorro y un cambio de cartera. Si el relato público minimiza la transición, el ajuste se hace por la ventana, con más volatilidad de la necesaria.

El resultado probable a corto plazo es una economía con productividad al alza y gasto privado más cauto, especialmente en bienes y servicios discrecionales. En los mercados, más demanda por bonos de calidad y por compañías que “pagan mientras tanto”, con presión relativa sobre activos de duración larga y promesas de ganancias futuras. No es una profecía apocalíptica ni una condena tecnológica. Es, simplemente, lo que sucede cuando la señal que llega al trabajador típico no es “habrá más trabajo para ti”, sino “tu empresa será más eficiente con menos gente”. La información era relevante y llegó tarde. Así, el movimiento de carteras reflejará la necesidad de dormir tranquilos, no un juicio filosófico sobre la innovación.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

1 comentario en “El despido invisible: cómo la inteligencia artificial quebró la confianza laboral”

  1. Juan Carlos Valero

    En este contexto es altamente probable que bajas en la tasa de interés en vez de generar más trabajo generen más inversión sustitutiva de la mano de obra humana acelerando el aumento del desempleo.

Responder a Juan Carlos Valero Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio